jueves, 10 de enero de 2013

Pantalones y Llave



Para mí, esta no es una historia fácil de contar, en otros tiempos, mi orgullo no me hubiera permitido de ninguna manera lucrar con mi fracaso, pero el hambre es una cosa seria contra la que el cuerpo no puede ganar en ninguna manera, y para personas como yo lejos de cualquier tipo de espiritualidad, esa es una batalla a la que no quiero enfrentarme.

Es conocido que a muchos les atraen las historias policiacas, a otros les atrae la historia de "El Guante". Cierto ladrón bipolar que me hizo perder el trabajo y la fe en la justicia que aplicaba. No soy un escritor experimentado, fuera de los reportes policiacos que no pedían nada de literatura, nunca he escrito. Por otra parte mi abuelo fue escritor de novelas policiacas, además de prófugo de la justicia por un largo tiempo. Él nunca tuvo experiencia como policía y escribió cosas magníficas de ellos, por lo que dudo que agreda a alguien queriendo transgredir los límites del ensueño del escritor  y la realidad de un policía ingenuo por creer que al fin su nombre recibirá la gloria por atrapar a un criminal increíblemente  inteligente.

La realidad por su parte siempre tiene sus planes, en los cuales nos han integrado sin nuestro consentimiento. Como les decía nunca he escrito nada, pero he leído mucho, mi abuelo, además de su expediente criminal que muchas veces había estado a punto de valerme mi trabajo, me heredó una extensa biblioteca y doscientos libros que él escribió, por cada libro he atrapado a un criminal, como compensación.

Algunos rumores dicen que mi abuelo escribió todos esos libros con base en las aventuras que él tuvo como prófugo de la justicia, sin embargo he leído cientos de veces sus expedientes y sus libros, ningún crimen se repite. Además, los expedientes están llenos de crímenes planos y sin imaginación. Ahora lejos de mi lealtad a la policía me permito albergar la firme creencia que el único crimen de mi abuelo fue hacer más astutos a los criminales, estos ya no temían al policía promedio, rechoncho y poco inteligente. Algo natural me parece, cuando un libro es el único entretenimiento que la gente humilde es capaz de alcanzar, no digo que los libros de fantasía hagan un mago de una persona normal, ni un psicópata a quien los lee demás, sino que la lectura nos ayuda a quitar miedos y tabúes, no los exonero de sus culpas, pero como he dicho, el hambre tiene un poder cegador.

Mi abuelo, además, lejos de dejarme desamparado fue la razón por la que obtuve el trabajo de investigador, debido a que la división fue creada a raíz de los nuevos criminales, y ahora, que la policía y la sociedad entera me ha dado la espalda, su antiguo editor me ha ofrecido leer este boceto de mi aventura.

Este día, un 11 de enero, entré a mi despacho, desvelado por días de investigación en un crimen que no tenía solución, algo inexplicable sucedió en ese momento, nunca había tenido una epifanía pero en el momento cuando vi el sobre amarillo con el nuevo caso que se me había asignado en mi escritorio, todo estaba claro, la razón por la que había muy poca sangre y que no se había encontrado el cuerpo de Sir Jack, era porque había fingido su muerte, corrí a hacer rápidamente mi informe y lo entregué a mi jefe, su oficina era amplia y toda en color verde, gracias a ella ahora cuando veo el olivo específico siento un olor a café achocolatado, me emocionaba imaginar que así se verían las oficinas de Scotland Yard, el jefe estaba muy satisfecho con mi trabajo.

-Creo que el siguiente caso te emocionará más, no quiero darte detalles ahora, mejor siéntate y descansa mientras lo lees-. Dijo el jefe mientras acomodaba las palmeras de ornato en una de las esquinas de su despacho.

Procedí de la manera que me dijo, acomodé mi silla giratoria al lado de la cómoda junto a la ventana, afuera hacía un buen día, desenrollé el hilo rojo del sobre con cuidado y saqué tres hojas de reporte, pensé que eran pocas. Eran insuficientes en realidad, este trabajo parecía emocionante, y lo fue. Sólo había dos testigos en el robo de la casa Lewenstein, una llave y unos pantalones italianos, ustedes saben cuál es el problema con los pantalones italianos, siempre dramatizan.

El reporte estaba escrito con una letra pulcra y pequeña, estaba firmada por Alarich Hozenfeld, un muchacho que había comenzado hace tres días, lo que a mi ingenuo parecer explicaba la corta extensión del reporte.

El agente que suscribe Alarich Hozenfeld INFORMA:

Sus observaciones en el caso: Mansión Lewenstein para jóvenes prometedores.

En el departamento número cuatro de la Mansión Lewenstein para jóvenes prometedores se perpetró un hecho sin precedentes, de la habitación sustrajeron a un joven, se presume que fue un hombre quién en un principio lo secuestraría, sin embargo existen pruebas para culpar a “El Guante”, ya que el hombre fue víctima de un asalto, le robaron al joven y los pantalones.

En el cuarto, se encontró muerto a un hombre sin identificar, yacía sólo con camisa, gabardina, ropa interior y zapatos desgastados.

El pantalón declaró que fue robado también por la ladrona, para ser encontrado dos días después del incidente por nuestros oficiales con la nota de rescate escrita por el hombre que yacía en la habitación, sólo se cuenta con una interrogación a la llave, las declaraciones de los pantalones resultan dudosas, pues se desmayaron tan pronto olieron el presunto perfume de violetas del guante.

Además se sospecha que la llave sea cómplice del crimen -debido a su instinto de fidelidad a su dueño-, aunque declara que nunca antes había estado en ese lugar, ella se declara libre, incluso asegura que no sabía que tenía chapa, pero como sabemos, una llave sin chapa sería inútil.

Declaración de llave Monterrosa;

"¿Ya empiezo a hablar?, bueno, lo primero que recuerdo de ese día es que estaba durmiendo en el bolsillo de unos pantalones italianos para caballero, después, una mano me sujetó y vi el principio de un túnel obscuro, formado por un gran óvalo, fusionado por la parte de abajo con un trapecio alargado, al ser insertada en este agujero, me sorprendí al darme cuenta que parecía hecha a mi medida, sentí cosquillas en la espalda por la presión que ejercía el hombre al empujarme, mi nariz golpeo contra un tope que cuando el hombre giró mi lomo sobre su eje, movió con mi nariz la pieza que oprimía el engranaje, pronto escuché una maravillosa melodía emitía. -Nota de investigador: el presunto accionar de la puerta abierta-.  Sentí una revoltura extraña en el estómago al ser jalada de vuelta hacia afuera, luego para mi desdicha en no poder ayudarlos más todo se volvió oscuro pues el hombre me había guardado en su pantalón. -NDI: Le pregunté si fue todo lo que vio-, Eso fue todo lo que vi."

Declaración del pantalón italiano:

"El hombre nos robó de una tienda, y luego nos usó, caminó por la calle hasta llegar a la mansión Lewenstein, donde pasó desapercibido, tal y como lo hizo en la tienda, entró a la habitación del muchacho que dormitaba en su silla, lo amarró, entonces olimos la fragancia de violetas, pero del tipo de dama, la fragancia no contenía maderas. Nos desmayamos por la conmoción, luego amanecimos en el bote de basura, luego de tres días un policía nos encontró, ahora que estamos aquí y les hemos dicho todo lo que sabemos llévenos a la tintorería por favor, y no vuelvan a meter esa llave corroída a nuestros bolsillos".

A 10 DE Enero DEL 2792

A la atención del Sr. Braulio Adlerich Sub comandante de investigación de la policía local de Brandeburgo.

Así terminó su pequeño reporte, sin decirme lo que estaba escrito en la dichosa nota de rescate, ni el nombre del joven secuestrado. -Lo único que veo es un montón de prejuicios, la llave aunque de nombre Monterrosa seguramente es inglesa, nunca iba a declarar en contra de su dueño, si bien puede ser cierto que desconozca su procedencia, podemos confiar en su declaración, dudo que no haya escuchado nada dentro de los pantalones. Los pantalones, no creo que por ser italianos su declaración sea menos valiosa, que "El Guante" sea una mujer es lo que incomoda a el escuadrón entero.- Pensé.

El sonido de la puerta me sacó de mis cavilaciones, Hosenfeld entró a mi despacho, era un joven alto y delgado, era rubio pero no tenía ninguna peca en el rostro, caminaba algo encorvado, cohibido, vestía una gabardina larga, verlo me hizo sentir calor por lo que hice un mechón a un lado, estaba algo duro, me vi en el reflejo de una vitrina, mi rostro lucía cansado y mi cabello oscuro lucía más opaco, llevaba una semana de investigación, no recuerdo cuando fue la última vez en la que me había aseado.

-El reporte es muy pequeño, hubiera sido mejor una descripción detallada de todos los objetos que se encontraban en el cuarto, incluso unas fotografías.-

Al escuchar lo que le dije, el joven cerró la puerta tras de él, entonces sacó lo que escondía debajo de la gabardina. Era un paquete con trescientas páginas y algunas fotografías.

-En la mansión Lewenstein no me dejaron tomar fotos, ni decir que no me dejaron tomar fotos, les afectan ambos hechos, el que haya pasado algo escandaloso, como el que no nos den libertad de escribir, es por eso que le traigo el reporte detallado y otras cosas acerca de "El Guante", a diferencia de toda la sección, creo que sea una mujer, siempre confiaré en el olfato de un italiano, aún de sus pantalones.-

La intuición de este muchacho me agradó, ahora entiendo por qué lo habían aceptado en mi división sin decirme antes, incluso había ocultado detalles que creí importantes a adrede, seguramente para hacerme notarlos más, esa mala costumbre nos acompañó a ambos en la investigación, lo que nos hundió más profundo.