sábado, 11 de enero de 2014

Cobardía

Viajaba por el fin de la ciudad, entre nubes, mis ojos por fin notaron los árboles en flor, las flores amarillas perfumaron mi mente con recuerdos.
Veía por la ventana del autobus, los rayos del sol aparecían entre los edificios de vez en cuando, me contabas algo, sabía perfectamente a dónde querías llegar, lo evitaba siempre que podía y esta vez no sería la excepción. Fuera de mis problemas el mundo era hermoso, los troncos casi blancos de los árboles sostenían una copa compuesta por un flotante ejército de flores amarillas, no tenían ningún trazo verde, el cielo azul brillante los enmarcaba. Señalé en la ventana para que cayeras en la trampa de ser cortés. Como cualquiera harías una observación sobre la estación o el gran número de árboles que florecían.
Sin decir una palabra fijaste tu atención en el espectáculo fuera de la ventana, me sorprendí al no escuchar nada y volteé hacia donde estabas, caí en mi propia trampa, el verte en ese instante, absorto ante la belleza de la calle me hizo enfrentarme a lo que no quería. Lo que pasaba, es que yo era tan amarilla como las flores.
Ahora veo en la distancia un pequeño árbol blanco, con un sútil florecimiento, no como en ese año, los cerros verdes están cubiertos de nubes, por suerte aún permaneces cerca de mí, creí que nunca me dejaría amarte, ahora creo que nunca podré hacer justicia por ese tiempo perdido.

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