sábado, 18 de diciembre de 2010

Tsuyu

Esa persona entró por la puerta principal, los últimos rayos de sol otoñal se colaban por los espacios que quedaban entre las ventanas de bambú. Las puertas estaban corridas y los árboles proyectaban cada vez más oscuras las sombras de sus hojas, la morada noche engullía ese ambiente naranja en pequeños bocados.

Su espalda se notaba ya algo encorvada, su dignidad se demostraba en su firme andar, el samurai se veía tan formal como siempre, sus diminutos ojos mostraban un color ambarino. Saludó a todos, ella se asombró al verlo, hacía un largo tiempo que no llegaba a su casa. Apocado se sentó en una parte del kotatsu, aunque su llegada no la sorprendia en lo absoluto, algo dentro de le avisaba que estaba ahí para sorprenderla, no tardó mucho rato para que se encontrara segura de sus sospechas.

Se dio cuenta de su estado sin conocerla muy bien, claro estaba, es hermano de su madre pero eso nada tiene que ver, de sentido comun es saber que se necesita más que la proximidad para entender a las personas en su totalidad, más aún en una persona como ella, no era callada sin embargo nunca dejaba ver ni una sola muestra de debilidad acorde, según el criterio masculino a las pertenecientes al sexo opuesto.

De cualquier manera era de conocimiento familiar que nunca ha sido fácil descubrir lo que ella pensaba, mucho menos sus sentimientos. Por eso le asombró en sobremanera la intuición acertada del samurai, su conocimiento y empatía que permitieron hacerle conocer que el corazón de su sobrina existía algo en esos momentos, algo que lo carcomía y no dejaba que encontrara paz interior. La asfixia del océano de azul impenetrable donde se encontraba inmersa cuya única fuente de luz eran de esperanza que se resbalaban como agua entre sus manos, ante la convicción de que nadie la podrá entender, que nadie podrá escucharla expresar su mal.

Se acercó Ella a darle de comer, Él se limitó a observarla por un momento, comenzó la charla, sus palabras la hicieron mella en el azul despejando a su alrededor un recubrimiento cálido, protector, la oscuridad permanecía no así la asfixia. Habló un poco mas, su suave abrazo fue definitivo. La cobijó como lo necesitaba, la brazó con la ternura que se necesita para abrazar a una niña, los ojos de ella comenzaban a llénarse de lágrimas, estaba a punto de llorar pero se esforzó para que pareciera que las palabras de el samurai no tenían mucho sentido.

¿Porqué? se preguntarán, ¡Aunque la estubiera consolando!. Sí, de esa manera se comportaba, su orgullo es más poderoso que cualquier otra fuerza exterior o interior, siempre se ha respaldado en que si no fuera por ese, no viviría. A este le debe lo que es.

-Posiblemente la sabiduría que su existencia le ha dado le serviría para entender la correspondencia de su abrazor cómo mi única manera de agradecerle sin que los demás lo notaran.-

Esa posibilidad le fue confirmada.

-Aunque no lo digas yo sé que cargas mucho, algo hay escondido en tu interior, tu pequeña espalda es muy fuerte pero siempre podrás contar conmigo para compartir su carga, un consejo te doy hija mia; no creas todo lo que te dicen que ven, porque el mundo es ilusión y si hasta tus ojos te engañan, menos puedes confiar en la visión ajena, conservate pues segura en tí, eres una chica carismática Tsuyu, pero cuida tu orgullo no te lo vayas a tragar.-

Para todos los que se encontraban en la habitación fue palabrería inutil, para ella fue justo lo que necesitaba.


Un pequeño cuento de samurais que admiran la fortaleza de las mujeres...
pero aún así se burlan de ellas.

2 comentarios:

Chio Ovilla dijo...

Me gustó el cuento^^...me agrada cuando las personas te dicen justo lo que necesitas escuchar^^ jajaja eso es tan genial!!

Anónimo dijo...

wow k historia m e kedado con reflexiones k invaden fuertemente mi cabeza como un puñado de migraña instantanea kmo un manantial de ideas acerca de como algunas personas por mas fuertes y orgullosas son mas nobles k una rosa i las rosas son mas fuertes k un macho cabrio espero no moleste esa analogia k en mi cabeza se ha posado